La vida no está exenta de sufrimiento. Un golpe en la rodilla, una infección bacteriana, un corte en el dedo, la muerte de un ser querido, una enfermedad crónica. Todos estos hechos que interrumpen el estado natural de nuestro cuerpo, como son el dolor, las heridas o la enfermedad obtienen una respuesta del cuerpo y es la inflamación.

La inflamación es una respuesta innata y natural que utiliza el cuerpo para combatir el dolor, la enfermedad, el estrés o las lesiones. Es una parte del proceso que utiliza el cuerpo para curarse.

En primer lugar tendríamos la inflamación aguda:

Esta es la respuesta inicial a un patógeno o a una herida. Es decir, si nos infectamos, nos golpeamos, nos quemamos o tenemos una reacción alérgica… el cuerpo va a responder rápidamente con una inflamación aguda. Esta inflamación prepara al cuerpo para atacar o reparar el daño. Una vez reconocido el problema por parte del cuerpo, este dilata los vasos de la zona para poder enviar mayor cantidad de sangre, plasma y leucocitos, por esa razón la zona inflamada se vuelve roja y caliente. Además al haber mayor aportación de sangre se produce hinchazón. Por último el cuerpo libera un mediador de la inflamación llamado bradiquinina que incrementa la sensibilidad al dolor para evitar el uso del área dañada. Todos estas sensaciones son necesarias para sanar.

Esta es la función de la inflamación en el cuerpo. Sin embargo, en la literatura médica, la inflamación está ligada a casi todas las enfermedades crónicas como la obesidad, la depresión, las enfermedades cardiacas, alergias, enfermedades autoinmunes, el síndrome metabólico…

¿Cómo es posible que algo necesario para curarnos sea una casusa subyacente de tantos males?

La inflamación puede llegar a convertirse en crónica o sistémica, deja de ser una respuesta aguda y se convierte en una respuesta fisiológica constante de nivel bajo y siempre activa. Es cuando el problema surge. Se supone que la respuesta inflamatoria debe ser corta y focalizada.

La respuesta del cuerpo cuando hay inflamación es atacar al patógeno, pero durante ese ataque siempre hay daños colaterales, se ataca a tejido del propio cuerpo ya que está infectado o dañado, posteriormente actúa otra función que consiste en reparar ese daño. Es decir, los mecanismos de la inflamación atacan no solo a los patógenos, sino que también atacan a nuestro propio cuerpo.

Si la inflamación es aguda este ataque que reciben nuestros tejidos no es un problema ya que después reciben una reparación. Ahora bien, si nuestro cuerpo está constantemente recibiendo señales inflamatorias este podría atacar constantemente a tejidos sanos y crearnos un problema.

Pero, ¿Qué razones hay para que el cuerpo tenga inflamación sistémica? Tiene que haber un factor o factores estresantes, que están haciendo dos cosas: inducir la respuesta inflamatoria y permanecer en el entorno como algo constante.

Actualmente, se conocen varios motivos que podrían inducir una inflamación crónica y son los siguientes:

  • Una mala dieta: Alta en azúcar (estudio), con grasas trans (estudio,estudio) (muchas veces estas grasas trans las tomamos de aceites vegetales que las obtienen al ser calentados para freír (estudio)), alta en harinas refinadas (artículo). Es decir, toda la comida de la que se abusa en la dieta occidental y presentes todos ellos en la mayoría de procesados, además del glutamato monosódico (estudio).
  • Poco omega-3: Las grasas omega-3 son precursoras de los eicosanoides antiinflamatorias, si hay pocas  moléculas de este tipo la respuesta inflamatoria será desequilibrada.
  • Demasiado omega-6: Por el contrario las grasas omega-6 son precursoras de eicosanoides inflamatorios, por lo que si tenemos demasiados también habrá una respuesta desequilibrada.
  • Falta de movimiento: Las personas con una vida sedentaria están asociadas a una inflamación sistémica (estudio).
  • Falta de sueño: un sueño de baja calidad está relacionado con una inflamación sistémica (estudio). Influye tanto el irse tarde, como levantarse muy temprano u obtener mal sueño por el uso de dispositivos electrónicos o iluminación con luz azul en las últimas horas del día.
  • Una pobre recuperación: Hacer ejercicio requiere de tiempos de recuperación adecuados. Todo ejercicio es un trauma para el cuerpo y necesita tiempo para recuperarse. El sobreentrenamiento es una forma de inflamación crónica.
  • Estrés crónico: La vida moderna es estresante y si este llega a ser más de lo que el cuerpo puede manejar terminará produciendo una respuesta inflamatoria. Respondemos bien a los estresantes agudos pero no a los crónicos (estudio)
  • Mala salud intestinal: Nuestro intestino es una parte fundamental de nuestro sistema inmunitario, además de una barrera natural para todo tipo de patógenos. Si éste o la microbiota que lo compone no están sanos la inflamación llega.
  • Una deficiencia de magnesio: Se ha encontrado una correlación inversa entre los niveles de magnesio y la inflamación sistémica, además el consumo de aguas duras está relacionado con menores niveles de ataques cardíacos (estudio, estudio). Y actualmente se cree que la inflamación de grado bajo es mejor indicador de enfermedades cardiacas que el colesterol (artículo)
  • Reservas altas de hierro, el hierro es malo tanto por defecto como por exceso, hacerse donante de sangre es una solución que reporta beneficios a la salud.

Si analizamos todos estos motivos vemos que todos ellos tienen en común una característica: son discordancias evolutivas. Si fuésemos cazadores recolectores sería raro tener inflamación crónica por alguno de esos motivos, ya que:

  • Su dieta estaba libre de esos alimentos.
  • La proporción de omega-3/omega-6 que consumían según los datos que conocemos es de 1:1 ó 1:2.
  • Eran personas que se movían y que dormían al caer la noche y se despertaban con el amanecer.
  • No sufrían de estrés crónico, quizá algún estrés algo más largo durante un periodo de hambruna, pero por lo general corto.
  • Las microbiotas que se han analizado de sociedades cazadoras recolectoras actuales nos dicen que tienen mayor variedad y colonias más sanas que las occidentales.
  • El magnesio que obtenemos actualmente de la alimentación ha disminuido debido al empobrecimiento de los suelos. Las aguas de mineralización débil que mucha gente consume no contribuyen a mejorar la situación. Se considera que muchos somos deficientes en ese mineral.
¿Qué es la inflamación?
Etiquetado en:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *