Vimos en el anterior artículo que la insulina era la encargada de almacenar la grasa en nuestros adipocitos. La insulina es una hormona necesaria. La energía que consumimos necesita ser almacenada. Si no fuese así deberíamos estar continuamente comiendo para que nuestro cuerpo no se quedase sin «combustible» y tampoco tendríamos energía para aguantar los periodos de sueño o los de escasez.

El problema no es la insulina, el problema es que su comportamiento a veces se ve alterado y esa alteración es la que hace que nuestro cuerpo almacene más grasas de la que necesita, eso es lo que veremos a continuación.

Conexión leptina-insulina

El páncreas libera insulina como respuesta a la subida de azúcar en sangre que se produce después de comer, pero hay otros factores que pueden obligar al páncreas a producir insulina adicional y entre esos factores el nervio vago es el principal inductor.

Como vimos en el artículo de la leptina, el hipotálamo posee receptores de la leptina, cuando éste la detecta considera que ya tenemos suficiente grasa almacenada, entonces, activa el sistema nervioso simpático para que nos movamos e inhibe el apetito para que dejemos de comer. Por el contrario si no la detecta activa el nervio vago y nos da hambre. Las situaciones para no detectarla son porque la leptina ha bajado o porque se ha desarrollado una resistencia a la leptina y el hipotálamo no recibe las señales correctamente.

Es decir, si nuestro cerebro no detecta la leptina no sólo nos hace glotones y perezosos sino que al activar el nervio vago le está diciendo al páncreas que genere más insulina de la necesaria. La respuesta a la insulina no va a estar mediada por lo que comemos y su aumento de glucosa en sangre sino que va a ser superior.

Ante este exceso de insulina ésta hace uno de sus trabajos que no es otro que almacenar el azúcar en sangre en forma de grasa. Esto provoca la respuesta habitual: las células grasas liberan más leptina: le quieren comunicar al cerebro que ya hay suficiente grasa almacenada. Esto en un cuerpo normal evita que engordemos. Ahora bien, recordemos que el hipotálamo tiene una resistencia a la leptina por lo que es incapaz de detectarla correctamente, así que esas señales son inútiles, no llega la sensación de saciedad y no se activa el sistema nerviosos simpático. El cuerpo sigue manteniendo las señales para engordar.

Vemos claramente que un mal funcionamiento del hipotálamo nos hace engordar. Los comportamientos de glotonería y pereza son derivados de esa situación al no activarse los mecanismos necesarios.

Obesidad hipotalámica

En el artículo de la leptina vimos una patología conocida como obesidad hipotalámica. Los que la padecen no pueden detectar la leptina y engordan sin cesar incluso con dietas de 500 calorías (estudio). Actualmente se está utilizando para que adelgacen un medicamento conocido como octreotida (artículo). Se empezó a probar en ellos porque uno de sus efectos secundarios era la disminución de la insulina generada por el páncreas y gracias a él dichos pacientes no solo adelgazan sino que se vuelven más activos.

Debido a los resultados obtenidos en estos pacientes, un experto en obesidad infantil, el Dr Lustig, realizó un estudio en adultos obesos. Les suministró dicho fármaco y les indicó a los pacientes que si adelgazaban iba a ser producto de la medicación y no del ejercicio o de la dieta.

En el estudio se vió que un 20% de los pacientes sufrieron una pérdida considerable de peso. Estos pacientes eran los que tenían una respuesta más alta de insulina al comienzo del estudio. Además de adelgazar sus gasto de energía en reposo aumentó. Es decir, bajando sus niveles de insulina, se vio cómo mejoró la sensibilidad a la leptina, esto hizo que ésta comenzase a ser detectada y que se activase el sistema nervioso simpático: ¡El cuerpo gastaba más energía!, se lograban interpretar las señales hormonales adecuadamente.

Es por ello que el propio Lustig considera que la leptina y la insulina son antagonistas

Además se apoya en estudios como este que demuestran que la insulina bloquea la señalización de la insulina. Es decir, si hay niveles constantemente altos de insulina estos bloquean la señal de la leptina al hipotálamo.

Darwin viene al rescate

Este bloqueo de la leptina por parte de la insulina tiene una razón evolutiva. Si la leptina realizase su trabajo correctamente sería muy complicado engordar y hay una situación en la que el cuerpo humano necesita engordar, es durante el embarazo.

Las mujeres embarazadas desarrollan al final del embarazo una resistencia a la insulina en sus músculos y órganos, eso hace que sea la grasa el principal receptor de la energía, eso permite almacenar grasa que le permitirá al cuerpo desarrollar el feto y además servirá como energía para producir, una vez de a luz, la leche necesaria para alimentar al hijo durante un largo periodo de tiempo.

Esta es una de las razones por las que las embarazadas que ya vienen de una situación en la que ya tienen unas cantidades de insulina altas están en riesgo de sufrir una diabetes gestacional, que si no controlan adecuadamente generará problemas en el bebé.

Cuando el niño nace la resistencia a la insulina disminuye por lo que la insulina disminuye y la leptina puede volver a realizar su función. La madre vuelve a recuperar el peso anterior y su situación se normaliza.

Hay otra situación parecida que se da en ambos sexos. Durante la pubertad los niveles de insulina también se elevan, es otra acción necesaria. En el caso de las mujeres les sirve para acumular grasa corporal. La genética de estas hace que sus niveles de grasa sean mayores que las de los hombres, se considera que lo saludable es entre un 20 a un 25%. En hombres también se elevan esos niveles de insulina, en este caso no viene acompañado de un aumento de grasa, sino que lo que aumenta es la musculatura. Es un proceso en el que también es necesaria la insulina.

Vemos pues que la evolución nos ha dotado de un proceso que nos permite engordar en dos periodos concretos de nuestra vida. Es algo que permite nuestra supervivencia, pero que no debería activarse, como sí ocurre en personas obesas, fuera de esos periodos.

Si éste se activa en personas obesas es por una razón: mantienen niveles elevados de insulina constantemente. Por lo que determinar las causas de ese aumento de la insulina y combatirlo debería ser la forma de combatir la obesidad.

Por lo tanto habrá que ver que hace que nuestros niveles de insulina sean elevados. Hemos visto que la activación del nervio vago por parte del hipotálamo es una causa, pero no es la única, así que en el siguiente artículo veremos las causas de una insulina elevada.

¿Por qué engordamos? ▷ Leptina e insulina
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