La homeostasis regula todos los sitemas de nuestro cuerpo. Cuando hay algo que toma una dirección incorrecta el cuerpo intenta corregirlo tomando la dirección contraria. Si tenemos frío el cuerpo tratará de elevar la temperatura, si es demasiado, nos hará tiritar ya que el movimiento produce calor. Si por el contrario estamos calientes nos hará sudar.

La adaptación es un requisito para la supervivencia. Esta adaptación se produce a todos los niveles, es una forma de resistencia. Es, por ejemplo, lo mismo que ocurre cuando consumimos sustancias estimulantes, lo mismo estimulantes suaves como el café u otros peores como las drogas o el alcohol. Su consumo hace que el cuerpo se defienda creando una resistencia. Esta resistencia hace que cada vez sean necesarias dosis mayores para conseguir los mismos resultados.

Dicha resistencia es un viejo conocido de la ciencia. El propio Fleming, conocedor de la homeostasis y de que la exposición causa resistencia, cuando descubrió la penicilina ya auguró que con un mal uso se terminarían creando bacterias resistentes y así lo hizo notar en la lectura que hizo en la entrega del premio Nobel:

Existe el peligro de que el hombre ignorante pueda someterse fácilmente a una dosis a sí mismo y al exponer sus microbios a cantidades no letales de la droga, los haría resistentes. Aquí hay una ilustración hipotética: El señor X tiene dolor de garganta. Compra algo de penicilina y se la toma el mismo, no lo suficiente como para matar a los estreptococos sino lo suficiente para educarlos para que resistan a la penicilina.

Es la misma resistencia que vimos al hablar de la leptina, un exceso de leptina en el cuerpo hace que el cuerpo se haga resistente a sus efectos. Lo mismo que ocurre con la leptina vimos que ocurre con la insulina, en dos momentos concretos de nuestra vida nuestro cuerpo se vuelve resistente a la insulina, la pubertad y el embarazo.

Algo que debería ocurrir naturalmente sólo en esos dos momentos concretos de nuestra vida se ha vuelto en algo habitual y esa resistencia a la insulina se ve que está desarrollada en personas con sobrepeso y obesas. La razón no es otra que niveles elevados de insulina con frecuencia. Esos altos niveles son los que conducen a una resistencia a la insulina. Por lo que habrá que saber que es lo que causa esos niveles altos de insulina.

¿Provoca la insulina resistencia a la insulina?

La lógica nos dicta que sí. Pero la lógica y la ciencia suelen llevar distintos caminos. Nuestro sentido racional nos dicta que la exposición a la insulina es la culpable de que se produzca la resistencia a la insulina. La ciencia no puede basarse en la lógica ya que la realidad es testaruda y muchas veces la contradice, ya lo vimos, por ejemplo al ver que no engordábamos por comer más y movernos menos.

Para evitar caer en lo que nos dicta nuestra razón unos investigadores quisieron probar directamente si la exposición a la insulina causaba resistencia a la insulina. Para ello les inyectaron la hormona a pacientes sanos (estudio) y después de 24 horas los pacientes habían disminuido su habilidad para usar la glucosa en un 15% y una vez terminado el estudio la sensibilidad terminó bajando hasta el 20% o el 40% según sujetos.

Pero también podemos extraer datos de ciertas enfermedades. Existe un tumor conocido como insulinoma, este hace que se secreten cantidades grandes de insulina. Los pacientes con dicho tumor desarrollan resistencia a la insulina (estudio). Es una situación lógica. El cuerpo quiere defenderse de esa condición, si no crease esa resistencia se acabaría con una cantidad muy baja de azúcar en sangre que podrían derivar en convulsiones y finalmente la muerte.

Es un caso claro de homeostasis. El cuerpo crea una resistencia a la insulina para defenderse… de la insulina. Todos los excesos suelen ser malos, incluso los que nuestro propio cuerpo genera.

Pero además una vez se extirpa el tumor los niveles de insulina se normalizan y el paciente deja de tener resistencia a la insulina (estudio).

Es lo mismo que les pasó a estos pacientes con diabetes tipo 2 (estudio) en los que se quería encontrar un método efectivo de controlar la diabetes, para ello fueron suministrando dosis cada vez mayores de insulina y conforme éstas subían también lo hacía la resistencia a la insulina.

Por lo tanto se ve que dosis altas de insulina de una forma continuada hace que el cuerpo desarrolle resistencia dicha hormona.

Causas de una insulina alta

Es un hecho que actualmente comemos más calorías que hace unos años. Según este estudio, las dos razones principales que nos han llevado a ello son la frecuencia de comidas y el tamaño de las porciones.

Como ya vimos, el comer cinco veces al día es un mito. Los mitos que nos dicen que ocurren si lo hacemos son varios. Se nos dice que aumentaremos la tasa metabólica, que ya vimos que no es cierto.

Un segundo mito diría que cuanto mayor es la frecuencia mejor se controla el hambre. Este estudio nos dice que si realmente se quiere controlar el hambre es mucho más efectivo consumir proteína que aumentar la frecuencia de las comidas.

Por último, se dice que evita que la glucosa en sangre baje demasiado, es una recomendación solo válida para diabéticos que tengan fuertes hipoglucemias. El resto de población mantiene niveles de glucosa constante, incluso aunque ayunemos o hagamos dietas sin apenas aporte de glucosa.

Esto ha hecho que aumentemos la frecuencia de comidas. Si nuestros abuelos comían 3 comidas diarias, actualmente estamos comiendo a todas horas. Desayunamos, pero a media mañana nos comemos un snack para «aguantar» hasta la hora de comer. Comemos y a media tarde una pequeña merienda y por último la cena y todavía hay algunos que justo antes de irse a dormir se toman otro tentempié.

Esto modifica nuestros niveles de insulina y en vez de ser liberados en tres ocasiones como vemos en el gráfico siguiente:

Nuestro páncreas libera insulina cuando todavía no ha disminuído del todo la insulina liberada en la comida previa:

Nos encontramos con que estamos expuestos a un flujo de insulina constante. No es de extrañar que se desarrolle una resistencia a la insulina. Más aún si tenemos en cuenta que los snacks suelen ser, habitualmente, de productos refinados como bocadillos, galletas, galletitas saladas… Eso sin contar con el consumo habitual de algún refresco o unas cañas.

Desayuno

Pero el aumento de la frecuencia de comidas no es el único motivo.

Se nos ha vendido que el desayuno es la comida más importante del día. Un mito que perdura y que quizás nos está haciendo daño. En inglés o en español llamamos a esa comida como «aquella que rompe el ayuno», pero la forma de llamarlo de franceses o alemanes nos da una mejor idea de lo que tradicionalmente ha significado esa comida en todas las culturas.

El nombre alemán es «frühstück» que traducido es algo como el pedazo matutino. En francés se dice «petit déjeuner», es decir pequeño almuerzo. El desayuno siempre había sido una comida pequeña para comenzar el día, en muchas ocasiones un simple café o un café con leche.

Es algo que tiene sentido. Muchas personas por la mañana no tienen hambre. Si nuestros ciclos circadianos son correctos por la mañana tendremos alto el cortisol y la adrenalina. Son dos hormonas que activan el sistema nerviosos simpático. Preparan a nuestro cuerpo para moverse, no para comer. Estas hormonas además se encargan de liberar glucosa. Es decir, cuando nos levantamos el cuerpo se encarga de darnos la energía para empezar a funcionar sin necesidad de comer.

Si por la mañana tenemos hambre es debido a dos situaciones. La primera es un comportamiento aprendido, hemos acostumbrado al cuerpo a darle alimento a esas horas y ya sabemos que somos animales de costumbres. La otra es que tengamos los ritmos circadianos alterados. Si nos cuesta ir a dormirnos y al despertarnos no tenemos energía puede que nuestros ciclos de cortisol alto en la mañana y melatonina alta en la noche no se estén cumpliendo y habría que intentar corregirlo.

Se ha visto que aquellos que toman desayuno terminan comiendo más calorías durante el día, en este estudio 539 calorías más que aquellos que no desayunaban. Y aunque el estudio vio que también gastaron algo más de energía, ese aumento no llegó a compensar lo comido de más.

Pero además el desayuno se ha convertido en la mayor excusa para inflarse de productos que deberíamos evitar. Está lleno de bollería, galletas, cereales de desayuno y azúcar… Esto se suele agravar con algún zumo, por considerarse una opción saludable.

Esos alimentos altamente refinados producen picos de glucemia muy altos por lo que la respuesta de insulina va en consonancia. Es decir comenzamos la mañana con altas dosis de insulina.

Este pico tan elevado va a agravar el problema. una subida tan alta suele venir acompañada de una bajada de azúcar igual de pronunciada por lo que poco después de haber comido el cuerpo nos va pedir comer nuevamente, y no cualquier cosa, quiere recuperar rápidamente la glucosa en sangre por lo que tendremos antojos de productos azucarados o harinas.

El desayuno fue el primer hábito que modificó la industria. Pasamos de consumir pequeñas colaciones, que además raramente eran dulces a consumir alimentos perjudiciales, que además hacen que comamos más.

Alimentos refinados

Pero ya no solo es el desayuno, el aumento de alimentos refinados se ha disparado. Los alimentos dulces y las harinas no son exclusivas del desayuno. Actualmente se ha disparado el consumo de bollería, pan, azúcares, cereales de desayuno, galletas, refrescos… Se nos ha recomendado reducir el consumo de grasas y la industria nos ha llenado de productos bajos en grasa, pero que para poder hacer palatable un producto al que le eliminas la grasa la única forma de hacerlo es aumentar su cantidad de azúcar.

Así podemos ver que un producto sin grasa como un yogur 0% está cargado de azúcar como nos indican en la página sinazucar.org, 4 terrones nada menos:

En los años setenta ya se advertía claramente de que el azúcar en exceso era peligroso. Pero a su vez se mandaba otro mensaje que decía que la grasa engordaba, actualmente se sabe que es falso. Este segundo mensaje prevaleció sobre el primero y la industria ha llegado a vendernos caramelos cargados de azúcar alegando que no tenían grasa:

Pero el problema del azúcar no termina aquí. Se ha vuelto omnipresente. Puede encontrarse en miles de productos, algunos de ellos es algo que tiene asumido la gente como las galletas, los refrescos o la bollería, pero también puedes encontrarla productos que no esperarías como salsas, panes, vinagres (balsámico), hamburguesas, embutidos, platos precocinados…

Además se utilizan distintos nombres para intentar ocultarla como dextrosa, maltodextrina, malta, concentrado de uva…

Es decir, no solo nos alimentamos más a menudo, sino que lo hacemos con productos que nos elevan mucho la insulina por lo que el cuerpo no tiene otra solución que defenderse de esta creando una resistencia.

Fructosa

Otra vez le toca a la fructosa. Ya vimos que era una de las culpables de la resistencia a la leptina. Es decir, consumirla en exceso de alimentos refinados como el azúcar de mesa y más aún si se hace en su forma líquida como en refrescos o zumos termina produciendo una resistencia a la leptina. Otro de los culpables de que se desarrollase esa resistencia a la leptina eran niveles elevados de insulina y como estamos viendo consumir azúcar en exceso hace que nuestros niveles de insulina se mantengan altos durante más tiempo.

Pero para desarrollar esa resistencia existen otros mecanismos. La fructosa, al no poder ser usada por ninguna célula del cuerpo es rápidamente metabolizada por el hígado y se va convirtiendo en triglicéridos. Si se consume en exceso esos triglicéridos se van acumulando en el hígado dando como resultado un hígado graso no alcohólico y esto es crucial para desarrollar una resistencia a la insulina en el hígado.

Existe un estudio que demuestra claramente esta resistencia inducida por la fructosa. En el estudio se les dio a 25 sujetos 1.000 calorías extras, esas calorías provenían o de glucosa o de fructosa. El grupo de la glucosa no tuvo cambios en la sensibilidad de la insulina, pero el grupo de la fructosa desarrolló un 25% de resistencia en solo una semana que duró el experimento.

Algo similar a lo ocurrido en este otro estudio, esta vez de ocho semanas de duración. Se les dió una bebida azucarada a los participantes que supuso el 25% de las calorías que consumieron, una parte bebió la bebida con fructosa y el otro lo hizo con glucosa. Los que bebieron la bebida con fructosa desarrollaron prediabetes en solo ocho semanas y su resistencia a la insulina era mucho mayor que el grupo de la glucosa.

Si un 25% de las calorías diarias te parece mucho, el consumo medio de azúcares en EEUU es del 22% de las calorías diarias y en España del 17%. Si con el 25% se desarrolla prediabetes en casi dos meses no es de extrañar que en toda una vida de una exposición algo menor también ocurra.

Qué ocurre en nuestro cuerpo

Vimos que la insulina se libera en cada comida. Es la respuesta del cuerpo para manejar la glucosa que va a aparecer en sangre. La primera función es almacenar esa glucosa como glucógeno en el hígado. Una vez esa reserva está llena se comienza a convertir en grasa para almacenarse.

Cuando los niveles de insulina caen ocurre lo contrario. Se empieza a liberar glucógeno para mantener los niveles de glucosa constantes y la grasa se convierte en glucosa.

Pero si el hígado está lleno de grasa y todavía hay glucosa circulando la insulina tratará de almacenar más grasas y azúcar en el hígado. El hígado se va a proteger creando una resistencia y el cuerpo va a utilizar mayores niveles de insulina para realizar el mismo trabajo.

A su vez el hígado, al estar lleno en exceso va a empezar a liberar azúcar a la sangre lo que hará que el páncreas segregue más insulina. Pero además si los niveles de azúcar disminuyen el hígado vuelve a liberar grasas y azúcares y para compensar el cuerpo vuelve a elevar los niveles de insulina.

Es decir, la resistencia a la insulina provoca niveles altos de insulina. Esta a su vez fomenta el almacenamiento de glucosa y grasa en el hígado que a su vez genera más resistencia. Un círculo vicioso.

Uno de los inductores de esta resistencia es un consumo alto de fructosa, creando el hígado graso. Pero el consumo excesivo de glucosa (harinas y azúcares) estimulan la creación de insulina, si a esto le sumamos que la resistencia hace que se eleven los niveles de insulina. Nos encontramos con que la propia retroalimentación que crea la resistencia a la insulina se ve incrementada por la que aportamos con la alimentación. Y este es un proceso que se repite durante años.

Resumiendo

Ya vimos que la insulina nos hace engordar cuando tenemos demasiada. Aquí se ve claro que las razones para que tengamos demasiada son una resistencia a la insulina y que ésta se produce por varios factores. Vemos que una exposición continua a la comida y un consumo elevado de alimentos alteran nuestra glucosa en sangre por lo que harinas y azúcares contribuyen a crear resistencia a la insulina y además como elevan los niveles de glucosa en sangre su consumo continuado va creando círculos viciosos. Pero además vemos que el simple abuso de la fructosa puede también crear una resistencia a la insulina.

En artículos posteriores veremos que hay otras hormonas como el cortisol que también pueden modificar el comportamiento de la insulina.

¿Por qué engordamos? ▷ Insulina 2
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