“Una noche me interesé tanto en mi laboratorio que me olvidé de mi cena hasta bastante tarde, luego salí corriendo a comer sin detenerme a lavarme las manos. Me senté, partí un trozo de pan y me lo puse en los labios. Sabía indescriptiblemente dulce. No me pregunté por qué era así, probablemente porque pensé que era un poco de pastel o dulce. Me enjuagué la boca con agua y me sequé el bigote con la servilleta, cuando, para mi sorpresa, la servilleta tenía un sabor más dulce que el pan. Entonces me quedé perplejo. Volví a levantar mi copa y, como la fortuna la tendría de mi parte, puse mi boca donde mis dedos la habían tocado antes. El agua parecía jarabe. Me di cuenta de que yo era la causa de la singular dulzura universal, por lo que probé el extremo de mi pulgar y descubrí que superaba cualquier dulce que hubiese comido. Vi todo de una vez. Había descubierto alguna sustancia del alquitrán de hulla que superaba el azúcar. Dejé mi cena, y corrí de vuelta al laboratorio. Allí, en mi emoción, probé el contenido de cada vaso de precipitados y platos de evaporación sobre la mesa. Por suerte para mí, ninguno contenía ningún líquido corrosivo o venenoso.»

Estas palabras del químico ruso Constantin Fahlberg nos cuentan cómo se descubrió la sacarina en 1879. El primer edulcorante artificial.

Desde la perspectiva del balance energético parecía un sueño hecho realidad a la hora de controlar el peso. Pero el balance energético se olvida de la hormesis y de que las calorías no es lo que importa a la hora de adelgazar o engordar. Sin embargo, la teoría del balance energético está tan arraigada que la gente siempre va a tener la tentación de sustituir el azúcar con un producto que aporta su dulzor pero que no tiene calorías.

Veamos que se sabe acerca de los edulcorantes artificiales y si estos ayudan a perder peso, ya que es cierto que estos no tienen calorías, pero considerar que no engordan por ese motivo significa olvidarse de lo que el cuerpo hace con las calorías, tener en cuenta las calorías que se consumen no aporta información relevante.

Analizarlos por la literatura científica es complicado ya que existen multitud de estudios patrocinados por los propios fabricantes que concluyen que no engordan. En esta revisión se analizaron los estudios existentes de bebidas azucaradas y edulcoradas y llegó a la conclusión de que si los estudios eran patrocinados por la industria no aparecía asociación entre su consumo y la obesidad y si los estudios no tenían conflictos de interés sí encontraban asociación.

Por lo tanto habrá que analizar lo que dice la ciencia en otros aspectos.

Control de peso

La motivación que tienen las personas que consumen bebidas sin azúcar es adelgazar o no engordar. En una encuesta que se realizó a 78.694 mujeres se comprobó que el efecto de los edulcorantes artificiales era el contrario al esperado. Aquellas que los consumieron durante un año terminaron ganando algo de peso, alrededor de un kilo.

Es algo que concuerda con este otro estudio en el que se estudiaron prospectivamente 5.158 adultos durante 8 años que concluía que las bebidas dietéticas aumentaban un 47% el riesgo de sufrir obesidad. Por lo que la autora del estudio decía:

«Estos hallazgos plantean la cuestión de si el uso de edulcorantes artificiales podría estar alimentando, en lugar de luchar, nuestra creciente epidemia de obesidad».

Aún así lo que demuestran esos estudios epidemiológicos es una asociación, no necesariamente que sean la causa. Si tenemos en cuenta que la mayoría de personas que habitualmente consumen bebidas con edulcorantes artificiales ya son obesas quizás el problema no sea las bebidas en sí, ya que no sabemos si están engordando porque las consumen o que han comenzado a consumirlas para intentar no engordar.

Sin embargo, existe un estudio de intervención, que por lo tanto aporta mejor evidencia. En éste se dividieron en dos grupos a jóvenes con sobrepeso. Uno de los grupos comenzó a consumir agua y bebidas sin azúcar y el otro continuó con sus bebidas habituales. Al final de dos años los que consumían bebidas azucaradas consumieron bastante más azúcar que los del otro grupo. Sin embargo, no se encontraron diferencias significativas en el peso entre un grupo y otro. Es decir, el consumo de bebidas con edulcorantes artificiales no había servido para perder peso.

Efectos sobre la insulina y el azúcar en la sangre

Sabemos que la insulina es la encargada de almacenar la grasa. Hemos visto que un exceso de ella nos lleva a engordar. Una forma de analizar los edulcorantes artificiales sería ver el efecto que tienen en la secreción de insulina. Si así ocurre estaremos promoviendo dos procesos. En primer lugar un aumento de insulina, si es acompañado de niveles altos habituales va a contribuir a desarrollar o agravar una resistencia a la insulina.

Además una subida de insulina sin que se produzca subida de glucosa va a producir que esta disminuya el nivel de azúcar en sangre por lo que va a producir hambre, que además será con antojos de alimentos refinados (harinas y azúcares).

En ratones se ha visto que esa subida de insulina sí que ocurre pero los estudios en humanos son escasos e inconsistentes. Una razón de esa inconsistencia es la injerencia de la industria.

Por eso al analizarlo nos encontramos con los mismos problemas anteriores. Se pueden encontrar por ejemplo esta revisión que concluye que la teoría de la insulina no funciona en seres humanos. Pero si miramos sus autores vemos que uno es de la Asociación Internacional de Edulcorantes y el otro trabajaba para la compañía que fabrica Splenda. Sin embargo cuando se mira una revisión sin tales conflictos de interés las conclusiones son distintas:

En humanos, pocos estudios han examinado los efectos hormonales de los edulcorantes no nutritivos y se han informado resultados inconsistentes, la mayoría de los cuales no recapitulan datos in vitro. Se necesita más investigación para determinar si los edulcorantes no nutritivos tienen una actividad biológica fisiológicamente significativa en los seres humanos.

Además han aparecido un par de estudios posteriores. En este la sucralosa eleva la insulina en un 20% y en este otro el aspartamo y la estevia llegaban a subir la insulina más que el azúcar de mesa.

Todo esto nos dice que puede haber sospechas fundadas de que los edulcorantes artificiales pueden subir la insulina. Aunque no hay una evidencia clara al respecto.

Efectos sobre el apetito

Según este artículo, al consumir edulcorantes artificiales el cerebro puede percibir una sensación incompleta de recompensa al sentir la dulzura sin calorías, lo que puede causar una sobrecompensación y un aumento del apetito y los antojos.

Se han hecho resonancias magnéticas como las de este estudio, en las que se ve que el azúcar de mesa activa el centro de recompensa del cerebro y que aspartamo no lo hace. Esto sugiere que al producirse una activación incompleta del centro de recompensa se estimularía el antojo de alimentos dulces para acabar de activarlos. Es decir, el consumo de alimentos dulces que no estimulan el centro de recompensa puede estar creando un hábito para consumir más alimentos dulces. De hecho, si vemos los estudios controlados que comparan las calorías consumidas con y sin edulcorantes artificiales se ve que no se reduce la ingesta calórica con los edulcorantes artificiales (estudio).

Es por ejemplo lo que se vio en este estudio con ratas. Las que fueron alimentadas con un yogur endulzado con sacarina consumieron más calorías y ganaron más grasas corporal que aquellas alimentadas con un yogur edulcorado con glucosa. Los investigadores conjeturaron que esto se debía a que el edulcorante artificial separaba el sabor del dulzor de la ingesta fisiológica de calorías, lo que confundía efectivamente las señales de hambre de las ratas.

En este otro estudio los participantes que consumieron edulcorantes artificiales se sintieron más hambrientos subjetivamente, aunque no terminaron comiendo más.

Volvemos a estar en la misma situación que con la insulina. Parece que hay evidencias muy ligeras de que podría haber un aumento del apetito pero no se puede concluir que así sea.

Efectos en el intestino

Otro problema potencial es el intestino. En este estudio con ratones se les hizo un transplante fecal, así se partía de las mismas condiciones de microbiota en todos ellos. Aquellos que consumieron edulcorantes artificiales desarrollaron problemas intestinales, disminuyeron su sensibilidad a la insulina y ganaron peso. La sacarina, en particular, causó cambios significativos en la microbiota intestinal de los ratones (el aspartamo no tuvo ningún efecto).

Según dice este artículo, los investigadores del estudio anterior posteriormente quisieron probarlo en humanos y se encontraron con gente a los que sí les afectó, reduciendo su resistencia a la insulina y alterando la microbiota, al resto les afectó levemente. Aunque el estudio fue corto, cinco días, fue suficiente para hacer cambios drásticos en algunas personas. Una pregunta que surge es si hubiese sido más largo si hubiese afectado también a los «no respondedores».

Otras patologías

La incidencia sobre la obesidad de dichos edulcorantes parece ser que existe, aunque con la evidencia que existe no es algo que se pueda afirmar rotundamente.

Ahora bien, hay otros estudios no centrados en la obesidad que arrojan resultados poco deseables. Éste de 10 años de duración encontró una asociación con el aumento del riesgo de eventos cardiovasculares de un 43% más. Lo mismo que este otro de un seguimiento de 59.614 mujeres durante 8,7 años que encontró un 30% más eventos cardiovasculares y cerebrovasculares en las que consumían al menos dos bebidas de dieta diarias.

Este mismo año (2019), ha salido también un estudio que revisa los datos del Women’s Health Iniciative (WHI), el mayor estudio dietético, y los datos tampoco le son favorables a los edulcorantes artificiales. Si las participantes bebían dos o más bebidas tenían:

  • un 23 por ciento más probabilidades de tener un derrame cerebral
  • un 31 por ciento más probabilidades de tener un accidente cerebrovascular causado por coágulos (isquémicos)
  • un 29 por ciento más de probabilidades de desarrollar enfermedades cardíacas (ataque cardíaco fatal o no mortal)
  • y un 16 por ciento más probabilidades de morir por cualquier causa.

Pero además encontró riesgos en ciertos grupos que hacían más que doblar sus incidencias:

  • en mujeres sin enfermedad cardíaca o diabetes previas, tenían 2,44 veces más probabilidades de tener un tipo común de accidente cerebrovascular
  • las mujeres obesas sin enfermedad cardíaca o diabetes previas tenían 2,03 veces más probabilidades de tener un accidente cerebrovascular causado por coágulos
  • las mujeres afroamericanas sin enfermedad cardíaca o diabetes anteriores tenían 3,93 veces más probabilidades de tener un accidente cerebrovascular causado por coágulos.

También tenemos este otro que encontró un aumento del 34% en la incidencia de síndrome metabólico en aquellos participantes que tomaban refrescos dietéticos. Algo que concuerda con los datos extraídos del Estudio del corazón de Framinghan, en el que se concluyó que hay un 50% de aumento de desarrollar síndrome metabólico.

Resumiendo

Está claro que reducir el azúcar es beneficioso pero sustituirlo por edulcorantes artificiales no parece una buena solución. A la hora de considerar un producto seguro y que se permita su venta no se tienen en consideración ciertos detalles. Por lo que los edulcorantes artificiales se consideran seguros ya que no nos matan pero hay indicios de que podrían tener otros problemas.

La principal razón que se esgrime para incluir edulcorantes artificiales en nuestras dietas es reducir las calorías que ingerimos pero ya sabemos que las calorías no cuentan.

Vemos también que los estudios dicen que no ayudan adelgazar y que es probable que lo que se consiga es lo contrario. Pero además también podrían estar induciéndonos a comer más.

No sólo eso, están asociados con ciertas patologías y aunque una asociación no significa causalidad lo cierto es que todos los estudios apuntan a la misma dirección.

Por eso es mejor intentar dejar el azúcar pero no sustituirlo con esos productos, que a larga pueden resultar dañinos.

Por último, piensa por un momento: ¿Conoces a alguien que te haya dicho que ha adelgazado por consumir bebidas con edulcorantes artificiales?

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La amarga verdad de los edulcorantes artificiales
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